Acercándonos ya al final del viaje de Adelina, de ese encuentro con el más puro flamenco de Sevilla, llegamos a un día especial, porque esta jornada iba a ser el encuentro de Adelina con los clásicos del flamenco y, además, lugar de fiesta en la calle gracias al Flamenco Flashmob convocado en Facebook.
Llegamos el día anterior a Sevilla con “mussha caló”, pero bien soportada por el ambiente y la brisa del río, además de aderezada con la mejor sangría, y pronto íbamos a vivir una experiencia inolvidable en esta maravillosa ciudad, en la que es imposible no sentirse bienvenido. Mientras Adelina empezaba a hacer realidad su sueño flamenco, el resto del equipo preparaba el material y localizaciones, porque por la tarde viviríamos una experiencia 2.0, un flashmob convocado en Facebook. Era una propuesta arriesgada, porque nunca se sabe la respuesta de la gente, pero la ilusión merecía la pena.
El día empezó curioso, y es que había que pasar por el taller. Fuimos varios a llevar la moto del equipo a pasar la revisión, y es que en pocos días ya nos habíamos saltado 2 revisiones. No os cuento las caras del equipo de Honda Sevilla cuando aparecimos con el CRZ, un coche que ni los de la casa habían tenido – hasta ese momento – ocasión de ver en directo. Por supuesto, les encantó.
A eso de las 8 de la tarde (con mucho calor aún), junto a la Giralda, empezaron a sonar acordes flamencos, y gente que allí estaba, unos convocados y otros no, se animaron a bailar en el sitio más indicado para ello. Hasta yo pensaba haberme animado a bailar, pero viendo el arte desplegado por los allí presentes no pude menos que ser humilde y gozar del arte de los demás, eso si, tratando de plasmar lo que allí se mostró, con fotos, y también algunas notas para el blog. No hubo mucha gente, pero los 4 o 5 minutos de flamenco espontáneo fueron una gozada, a la que se sumaron, con sus palmas, con sus risas o con simplemente su sorpresa, todos los que por allí pasaban, siendo conscientes de que en ningún otro lugar del mundo uno puede ver bailar flamenco en la calle y que se sienta natural, que lo pida el cuerpo, y así fue.
Luego, claro, el calorcito pedía sangría, y a eso fuimos, con el aliciente adicional de que era el cumpleaños de Rob. Esta fue una ocasión más para comprobar que hace falta poco para unir a buena gente: una hermosa ciudad, un viaje inolvidable, una terracita, incluso un bonito coche. Pasamos una tarde-noche inolvidable, llena de convivencia, cariño, incluso confesiones, que terminó “un poquito tarde” disfrutando de la noche sevillana, como no podía ser de otro modo. Luego, he pensado sobre las vivencias de este día tan especial, y tenía dos recuerdos principales: como un viaje puede unir a gente tan distinta y, por otra parte, que España es quizás uno de los mejores sitios del mundo para vivir. No es que no lo supiera, pero cuando te reunes con gente de muchos países, y ves lo relajados y a gusto que están, te das cuenta de que hay pocos sitios en el mundo que ofrezcan ese entorno tan amigable ¿no te parece?. Más si tienes enfrente una sangría fresquita ….















